Error 1: Esperar que tu pareja encaje contigo
La mayoría de nosotros creemos que cuanto más encaje la otra persona con nosotros, menos sufrimiento experimentaremos. Mentira podrida. Una relación se construye gestionando los momentos difíciles en los que el otro no hace lo que nosotros queremos.
Cuando nuestra pareja nos frustra, ¿nos enfurruñamos? ¿esperamos que entienda mágicamente lo que ha hecho y lo arregle sin tener que hablar? ¿nos ponemos dramáticos y explotamos con rabia? ¿nos enfriamos fingiendo que no nos importa? Todo esto no ayuda. Lo que ayuda es sentir lo que se nos ha despertado en nuestro interior y respirarlo hasta llegar a regularnos. Y solo entonces, comunicarnos.

Error 2: Querer tener razón
Tomarnos tiempo para compartir íntimamente tanto verbal como no verbalmente es esencial para que crezca y florezca el amor.
Necesitamos aprender a hablar sin reaccionar. Cuando hay un desencuentro, solo después de estar con nuestra decepción y regularnos podemos expresar lo que nos duele sin necesidad de culpar o tener razón. Porque si no, si reaccionamos, el amor se irá enterrando bajo la tierra del resentimiento.
Es clave estar dispuestos a escuchar desde el corazón y a aprender el lenguaje del amor del otro. Tengamos por seguro que es diferente al nuestro.
Error 3: Esconder tu vulnerabilidad
Cuando nos sentimos mal, solemos culpar a la otra persona o construir un muro para proteger nuestro corazón… Nos cuesta mostrar cómo nos sentimos en realidad, pero ocultar nuestra vulnerabilidad en realidad nos impide vincularnos de verdad.
Si queremos que la relación funcione, no queda más remedio que dejarnos ver sin ocultarnos, mostrando nuestra versión más real, por muy cruda que sea. Y no es tan fácil como parece esto de ser auténticos y dejar que asome nuestro verdadero yo, con nuestras debilidades y nuestras sombras incluidas.
Si escondemos nuestras partes vulnerables, adormecemos todo, incluido nuestra alegría, nuestra humanidad, nuestra energía y nuestra conexión con la vida.

Error 4: Querer controlar a la otra persona
Nuestro deseo de cercanía suele venir bañado de inseguridad y control, porque nuestras necesidades infantiles de ser vistos y acogidos como realmente éramos se vieron muchas veces frustrada. Pero para nuestras relaciones adultas, necesitamos lo contrario: poder transparentarnos mostrando nuestra ternura y nuestras necesidades, abriéndonos al otro. Y todo esto no es nada fácil.
Si somos más bien simbióticos, tenemos mucho hambre de conexión y nos ponemos exigentes o dramáticos cuando falta. Y si somos más bien evitativos, necesitamos espacio, refugiándonos o bien en la distancia, la dureza o la evitación. Incluso, si tuvimos una niñez difícil, tendremos de los dos lados.
Error 5: Esperar a que el otro te dé para dar tú
Muchos de nosotros solo damos amor cuando recibimos algo a cambio. Hacemos cálculos, normalmente inconscientes, para ver quién ha dado más en la relación. Y fácilmente nos sentimos maltratados.
En realidad, una relación de pareja funciona cuando das un poquito más de lo que te ha dado el otro. Así el otro te debe un poquito y te da un poquito más. Y así, sucesivamente.
Cuando nadie debe nada a nadie, la relación se acaba.

Error 6: Desconocer tu historia personal
La mayoría de las cosas que nos suceden con nuestra pareja no tiene nada que ver con el presente, sino con nuestro hambre emocional infantil.
Nuestro niño herido es el que lleva la voz cantante en nuestras relaciones íntimas y se fija sobre todo en lo que no tuvimos de pequeños. Solo quiere que la otra persona llene los vacíos dejados por papá y mamá.
Nuestras partes traumatizadas, y todos tenemos, han acumulado mucha rabia y dolor del pasado. Y todo esto se lo lanzamos a otro sin darnos cuenta.
¿Solución? Sostenernos y ser cada vez más capaces de acompañar la frustración respirándola cuando no conseguimos lo que queremos.
Error 7: Refugiarte en tus viejos hábitos
Paradójicamente, nos solemos enganchar a gente que nos despierta nuestras heridas porque hay cierta comodidad en repetir lo que nos es familiar, y porque, muchas veces, no nos podemos ni imaginar otra cosa.
Pero, en el fondo, todos sabemos que, para estar bien en pareja, es imprescindible curar a nuestro niño interno. Es difícil encontrar el amor si antes no hemos hecho las paces con nuestra soledad, nuestra inseguridad y nuestro vacío.
Terapia, terapia y terapia. No hay otra.

Error 8: Caer en la codependencia
El otro no tiene por qué satisfacer nuestras necesidades. Ojala lo haga, pero si dependemos, mal asunto.
Es clave darnos cuenta que somos dos personas y no sólo una pareja. Es fundamental mantener cierto nivel de independencia, aunque nos apoyemos mutuamente en todo momento. No hay que pasar todo el tiempo juntos. Eso es una barbaridad.
La libertad propia y ajena han de ser líneas rojas. No queremos que la otra persona sea nuestra esclava emocional.
Error 9: Polarizarte con tu pareja
Una pareja se reparte los sentimientos y las formas de funcionar. Cada uno se apodera de unas actitudes y emociones. Cada uno encarna y expresa ante el otro los aspectos que el otro rechaza. Por ejemplo; ella es responsable, cercana, complaciente y le cuesta reconocer sus necesidades individuales. Y él se sitúa en el otro rol, negando sus deseos de cercanía.
Ambos, en vez de reconocer que el conflicto entre autonomía e intimidad que tiene lugar en su interior, firman un acuerdo inconsciente: ella se ocupa de la necesidad de intimidad y él de la autonomía. Craso error.
Si estos desequilibrios no se trabajan, acaban polarizándose y destruyendo la relación. Los extremos más típicos son responsable/irresponsable, nervioso/relajado, organizado/desorganizado, energético/pasivo, despilfarrador/ahorrador; extrovertido/introvertido, rebelde/sumiso y preocupado/despreocupado.
Para crear una auténtica pareja, cada uno ha de hacer el trabajo personal en vistas a equilibrar estos opuestos dentro de sí.

Error 10: Endurecerte ante las dificultades sexuales
La vergüenza que tenemos todos en la sexualidad es enorme y rara vez confiamos en que la otra persona entenderá nuestras inseguridades.
Además, cargamos con muchas expectativas inconscientes en el sexo que pueden alejar fácilmente a nuestra pareja.
Se necesita mucho coraje para admitir ante el otro que nos ha hecho daño, porque eso es admitir que nos importa y que tiene poder sobre nosotros. Es más fácil levantar un muro de indiferencia. Pero la solución más madura consiste en reconocer que se nos ha despertado una herida antigua y que vamos a trabajar en ello.
Error 11: Idealizar al otro
Cuando idealizamos al otro, le convertimos en un objeto, en un ideal que pensamos que cumplirá nuestras expectativas y nosotros nos sentimos inferiores. Al ponerle en un pedestal, aunque luego las cosas vayan mal, nos enganchamos y nos aferramos pensando que nunca encontraremos a alguien tan guay.
Se trata de pasar del apego infantil, del romanticismo, de la necesidad, al amor, o sea querer al otro por lo que es, con toda su sombra, con todos sus defectos. Cuanto antes salgan a la luz, mejor.

Error 12: Olvidar que tu pareja es tu maestra
Nuestra pareja no está aquí para hacernos felices, sino para ayudarnos en nuestro desarrollo personal. No es la mala de la película, sino nuestra mayor maestra.
Sin un compromiso permanente con el crecimiento, la mayoría de las relaciones se convierten en aburridas, en las que lo único que se comparte son asuntos prácticos y entretenimientos varios.
Nuestras relaciones nos muestran nuestra realidad más profunda y nos dan la oportunidad de afrontarla y aprender a amar de verdad. Y, en ese camino, tendremos que respirarnos muchas decepciones. Lo siento. Ahí está el desafío.
La pareja no es fácil. Es un viaje maravilloso y jodido a la vez. Pero merece la pena.
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