Generar un apego seguro mediante una presencia amorosa
Todo trauma es relacional: no es solo el evento que ocurrió, sino también el hecho de que la persona se sintió profundamente sola en los momentos difíciles porque no había nadie allí para acompañarla.
Para la cura se necesita el apoyo de alguien que esté ahí, pase lo que pase, con una presencia e intimidad reparadora que tal vez nunca antes haya experimentado.
Debemos evitar escuchar buscando problemas o dificultades. Más bien hemos de encontrar y fijarnos en lo que nos inspira, en sus recursos, de forma que la experiencia de estar con esta persona nos resulte enriquecedora.
Ayudar a construir un contenedor de seguridad
La conciencia de la propia experiencia momento a momento juega un papel vital en la transformación del trauma. Podríamos decir que revivir un trauma sin conciencia es volver a traumatizarse.
En terapia buscamos entrenar en nuestros clientes la capacidad de atención para ir construyendo internamente un sistema de contención que les permitirá estar con su activación el tiempo suficiente para procesarla y disipar la carga remanente.
Es básico que antes de entrar en los recuerdos, las personas desarrollen un buen auto sostén y un margen de tolerancia grande para poder procesar las activaciones del sistema nervioso que van a tener lugar.

Enseñar a las personas a regularse
Los clientes con trauma necesitan más que nadie que entendamos su sufrimiento, pero lo más importante es que vayan aprendiendo a regular su sistema nervioso cuando se activen en exceso. En cuanto esto ocurra, hemos de ser firmes en pararles e invitarles a rastrear su experiencia.
Lo primero para regular algo intenso es observar con curiosidad, aceptación y compasión. Pero si es intolerable, necesitamos sacar su atención de ahí y que se enfoquen en algo agradable (el presente, el vínculo, otra parte del cuerpo, etc.) para coger fuerza primero antes de volver a encarar lo dificil.
Regularnos como terapeutas para así corregular al cliente
En consulta, los sistemas nerviosos de cliente y terapeuta bailan en una especie de danza no verbal entre ellos; intercambiando información incluso sin que seamos conscientes de ello.
Cuando notamos que el cliente se activa o se disocia mucho, debemos autorregularnos para «contagiarle» nuestra regulación.

Trabajar desde la no violencia
Con el trauma es importante no presionar en absoluto, sino confiar en que, simplemente construyendo seguridad, consciencia y amor, la reorganización irá ocurriendo.
No hemos de querer nada de nuestro cliente, sino que le ayudaremos más si aceptamos completamente su experiencia. Si queremos cambiarle, estamos siendo violentos.
Los planes, consejos y pensar que sabemos lo que es mejor para el otro son actitudes violentas.
La persona ha de sentir que está al volante, en el asiento del conductor, que tiene el control.
Remarcar lo positivo
Con demasiada frecuencia, el trabajo en terapia se ha centrado en el problema o en lo difícil. Al trabajar con el trauma es importante enfocarse en la experiencia corporal de los sentimientos positivos. Con esto conseguimos empoderar al cliente haciendo que gane resiliencia.
Conviene identificar y reforzar lo que funciona del cliente, estando un rato con la sensación de todo eso hasta que pueda imprimirla en su cuerpo.
La reorganización interna solo se produce cuando la seguridad y los recursos internos son mayores que la herida.

Rastrear y validar la experiencia del cliente
Escuchamos las señales no verbales de la persona: un ladear la cabeza, un congelar la respiración o un desviar la mirada. Al devolverle lo que vemos se siente vista. Así le transmitimos que sus sensaciones, emociones y necesidades son importantes y que nos tomamos en serio su sufrimiento.
El procesamiento del trauma consiste en ir resolviendo lo que va apareciendo. Si la persona siente tensión en la mandíbula, nos concentramos ahí; si luego aparece contracción en el cuello, dejamos que esa energía «haga» lo que necesite. Y así, sucesivamente, nos vamos% centrando en lo que va apareciendo momento a momento.
Cuando el proceso ya se está desarrollando, permitimos que siga a su propio ritmo. No intentamos hacer que las cosas sucedan; dejamos que ocurran.
Cuando algo aparece espontáneamente (un impulso, pensamiento o imagen), es el momento de seguirlo… posíblemente nos conduzca al material nuclear.
Cualquier gesto característico, por ejemplo, una cabeza gacha o una mano en puño, o una reacción espontánea puede ser una ventana a las escenas tempranas traumáticas que cimentaron los patrones de la persona.
Dosificar la cantidad de material traumático
Las personas con trauma tienen problemas autorregulándose, por lo que debemos dosificar la cantidad de excitación o carga.
Si el sistema es como una olla de presión, trabajaremos para reducir, y nunca aumentar la presión.
No hemos de meternos de lleno, ya que esto puede crear una espiral de angustia.
El ritmo de la terapia debe ser más lento de lo habitual lo que permitirá que los ciclos restaurativos del cuerpo tengan lugar.
No abusar de la catarsis
En cuanto a la expresión emocional, no hemos de precipitarnos, sino más bien asegurarnos de que la persona tiene el autoapoyo suficiente para sostener sus emociones difíciles. Antes de liberar emociones intensas, hemos de enseñarla a poder sostener en su cuerpo grandes dosis de excitación.
El objetivo del trabajo no es producir una catarsis, sino hacer espacio para mover la energía y que todo lo atascado pueda completarse.
En mi experiencia, las emociones moderadas conducen con mayor facilidad a la sanación. La mera reexperimentación de viejas emociones sin aportar nuevos recursos es probable que vuelva a evocar una sensación de trauma y victimización.
Evitar confrontar las defensas del cliente
Validamos y normalizamos las protecciones o defensas, confiando en que hay una buena razón para ellas.
Se trata de ir a favor, incluso ayudando al cliente a hacer lo que está haciendo esa parte suya protectora. Al apoyar directamente esa protección, nota que no tiene que emplear tanta energía en defenderse.
Trabajar con el niño traumatizado
Si durante el procesamiento aparece el niño del cliente, hemos de trabajar directamente con él. Investigamos sus esperanzas, fantasías, miedos y confusiones.
Hemos de dejarle claro que aquello nunca debería haber ocurrido y que no fue su culpa. Después podemos recordarle que el peligro ha pasado y que ahora está acompañado por su adulto, pidiendo a este último que le hable directamente para reforzar su sostén interno.
Reparamos ofreciendo ahora lo que le faltó en los momentos difíciles (contención, vínculo, fuerza, tiempo, etc.) Introducimos esos apoyos dando una segunda oportunidad al sistema para reorganizarse.
Alberto Martín-Loeches
Formación en Abordaje corporal del Trauma










