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¿Funciona la terapia online?

Si funciona o no la terapia online es una de las preguntas más frecuentes que me hace la gente a la hora de empezar su proceso de autodescubrimiento.

Vivimos en una época donde nos venden una supuesta gratificación instantánea detrás de la pantalla. Un simple clic nos promete acceso a casi todo lo que podamos desear, pero me pregunto si esto también funciona para los procesos terapéuticos.


Como terapeuta, veo que cada vez más personas, especialmente las más jóvenes, recurren a este tipo de formato. Lo entiendo, porque cuando sufrimos, queremos alivio rápido. Sin embargo, después de varios años usando a veces esta modalidad, puedo decir que la cosa no es tan fácil como parece…

Dificultad de generar un encuadre apropiado

Un inconveniente importante a la hora de trabajar a distancia es que no podemos asegurarnos de proveer un entorno de seguridad e intimidad para las sesiones.

La terapia es un viaje conjunto y necesita de un ritual para que se cree la llamada «burbuja terapéutica» que nos ayuda a implicarnos en el proceso. Necesitamos total privacidad, tranquilidad y que no haya interrupciones. Pero cuando la sesión es virtual, he comprobado lo difícil que es crear esta burbuja y más habitualmente de lo que parece, aparecen ruidos, personas que pasan por detrás, ausencias repentinas, etc.

He tenido incluso el caso de un paciente que se tenía que conectar desde la calle y otros dos desde el coche para asegurar que nadie les molestaba. Un desastre.

Las sesiones de terapia son un ritual

El hecho de desplazarnos hasta la consulta rompe la cotidianeidad y ayuda a ponernos “en modo terapia”.

A mí personalmente, como paciente, me gusta ir y volver andando cuando visito a mi terapeuta. Ese tiempo me lo tomo para conectar conmigo, darme cuenta de lo que me pasa y ver en qué quiero profundizar en la sesión.

Al salir también me viene bien un tiempo de asimilar e integrar lo trabajado.

 

¿Funciona el vínculo terapéutico en la terapia online?

Lo que más funciona de la terapia, según la mayoría de las investigaciones, es lo que llamamos alianza terapéutica, que se va desarrollando a medida que el paciente se siente suficientemente seguro con el terapeuta.

Esto no es fácil de conseguir incluso en la terapia tradicional. Ha de haber lo que Donald Winnicott, el psicoanalista inglés, denominaba un «entorno de contención». Pero en ausencia de presencia física esto se torna realmente complicado. La pantalla no proporciona tanta seguridad ni tanta cercanía como la que se consigue en la consulta.

La terapia online solo como excepción

La transferencia se ve minimizada en la terapia virtual

Otro aspecto clave en la terapia es lo que llamamos transferencia, que consiste en que en la relación terapéutica el paciente repite sus patrones relacionales.

Como profesional, he de estar atento a la multitud de señales sutiles que desprende la persona para así poder ofrecerle experiencias reparadoras diferentes a lo que siempre ha tenido.

Mi trabajo es identificar y validar las necesidades relacionales que no tuvo en su día. Y si es posible, proveerselas en el presente. Todo esto va aflojando sus defensas y enriqueciendo su forma de vincularse con el mundo.

 

La conexión íntima

Las personas estamos programados para conectarnos con los demás, pero muchas veces tenemos dañada esta capacidad debido a viejas heridas y traumas. Restablecer esta posibilidad de conexión íntima es uno de los aspectos esenciales de toda terapia profunda.

Para ello, hemos de conectar con el corazón de la persona. Y esto no es magia, ni tampoco algo puramente lingüístico. El contacto ocular y la cercanía física son dos elementos claves para que este encuentro suceda

. A través de una pantalla no podemos mirarnos a los ojos y esto dificulta enormemente esta compenetración.

El apego es la base de las relaciones

Llegar a generar lo que llamamos “un apego seguro” también es fundamental en la terapia. Su falta es generalmente lo que crea los síntomas por los que las personas buscan tratamiento.

Ir construyendo esta seguridad es un trabajo arduo y evoluciona no solo a través de las palabras, sino, sobre todo, de las señales no verbales que se van intercambiando momento a momento.

Los terapeutas conseguimos esta “sintonía relacional” a base de sentir en “nuestras carnes” lo que está sintiendo el paciente. Y esta conexión con las tripas, lamentablemente se ve muy disminuida en las sesiones virtuales.

Las personas con patrones de apego evitativo se sienten cómodas en la distancia y con la falta de intimidad, pero se pierden así la parte más importante de su proceso, que es la conexión.

Las que presentan un apego más ansioso o desorganizado necesitan una consistencia que no podemos ofrecer en su totalidad a través de la pantalla.

 

Dificultad para el trabajo emocional y corporal en la terapia online

En terapia presencial las posibilidades de hacer trabajo emocional y corporal se multiplican. Teniendo al paciente delante de mí puedo ver la expresión de su cuerpo completo y me esto aporta una información muy valiosa en todo momento.

La realidad de la terapia a distancia es que es tan agotadora que es difícil mantenerme enfocado y leer adecuadamente las señales de mis pacientes.

La frialdad de la terapia online

Menor presencia terapéutica

Durante el tratamiento, la persona se abre a sus afectos más profundas, y esto no es nada fácil porque posiblemente hayan sido reprimidos durante mucho tiempo. Los terapeutas sabemos que dejar salir todo este material puede aumentar los síntomas y la angustia al principio.

Uno de los principales peligros de la terapia online es abrir unas heridas que no se van a poder contener adecuadamente porque la presencia está disminuida. En esos momentos es importantísimo poder acompañar totalmente a la persona que está tan vulnerable.

Según mi experiencia, no tiene nada que ver sentarse en la misma habitación con alguien, de forma que podemos acompañar y validar su dolor que hacerlo de forma telemática.

Si mi paciente conecta con algo difícil y puede abrirse a llorarlo y liberarlo, muchas veces le brindo un poco de contacto físico, para que pueda sentir mi apoyo. Evidentemente en online, esto es imposible.

Otra de las razones por las que la terapia online funciona peor es que a través de la pantalla también es más complicado regular a un paciente cuando se hiperactiva o cuando se disocia, lo que ocurre a menudo en los momentos delicados.

 

La resistencia

Otro tema que se juega inconscientemente es la resistencia frente a la terapia que tienen muchos pacientes. En mi opinión, mucha gente está eligiendo terapia online inconscientemente para evitar abordar directamente en el meollo de su problemática. Solo quieren tocar los temas de forma superficial.

Además, la distancia y la pérdida de matices afectivos hacen que pasen menos cosas entre paciente y terapeuta y dificulta el compromiso y la intimidad, que son elementos clave en los momentos de lo que se llama “terapia relacional”, donde se juegan y se explicitan abiertamente estas dinámicas.

terapia gestalt individual

Solo para los casos necesarios

Contestando a la pregunta de si funciona la terapia online, mi sentir es que esta modalidad es extraña y fría. La experiencia es menos afectiva, menos vibrante emocionalmente que la presencial.

Evidentemente, la terapia virtual se adapta mejor a un ritmo de vida que busca cada vez más la funcionalidad, la comodidad y la velocidad, pero, como hemos visto, presenta muchas limitaciones.

Por lo tanto, si te estás planteando empezar tu proceso, te recomiendo que, si puedes, acudas a una terapia presencial donde poder ser atendido con plenas garantías.

En cualquier caso, aunque muchos de mis colegas, por estas y otras razones, aseguran que la terapia online no sirve, yo no estoy de acuerdo, pero sí que, en mi opinión profesional, lo mejor sea usarla como excepción solo cuando sea realmente necesario.

 

Alberto Martín-Loeches Barral

Terapia Gestalt Madrid

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