Un buen terapeuta

En estos últimos años he disfrutado de tres terapeutas individuales a los que estoy realmente agradecido por su humanidad, entrega y sabiduría. Los tres me inspiran, cada uno a su manera, en mi oficio actual de terapeuta.

Hoy me sale destacar a Eustaquio, con el que hice varios años un valioso proceso.
Ya hace tiempo que cerramos la terapia, por lo que creo que me veo con la suficiente perspectiva para nombrar sin idealizar sus cualidades.

Cuando estoy bloqueado ante un paciente, muchas veces invoco su presencia. ¿Qué haría aquí Eustaquio? Y me llegan valiosas intuiciones.

Terapia Gestalt Madrid Imagen (14)

Eustaquio trataba de ponerse en mi lugar, meterse en mi piel para ver lo que yo estaba sintiendo. ¡Qué paz me inundaba cuando él me reflejaba su comprensión, haciéndome sentir realmente acompañado y entendido! Su presencia me indicaba que reconocía perfectamente mis sentimientos y me los validaba. Su calidad empática desmontaba mis autoacusaciones.

Me sorprendía lo respetuoso que era, sobre todo cuando me pedía permiso al proponerme algo difícil: “Tal vez sirva o tal vez no, pero te voy a invitar a… ¿Te parece?”

Muchas veces me compartió con valentía lo que sentía ante mi, muchas veces poco agradable, comportamiento, y así me ayudaba a comprender qué efecto tengo en los demás.

Con mucha paciencia me llevaba a zambullirme en mi propia experiencia, guiándome hasta que podía permanecer un buen rato acompañándome a mi mismo. De la mano íbamos profundizando en mi interior, desvelando corazas y vulnerabilidades… Auto-engaños y recursos…

No sé cómo lo hacía, pero me ayudaba a encontrarme con mis partes más oscuras…
Eustaquio no atacaba directamente mis múltiples resistencias… Siempre permitía mis atascos, dándome tiempo para sentir la dificultad o la defensa, aceptándola, sin esperar nada, acompañando mi bloqueo…

Prácticamente nunca me daba consejos, ni me juzgaba, ni me ofrecía una solución. Y las pocas veces que hacía una interpretación me preguntaba si me resonaba…

Durante los años de terapia sentí que cada sesión era un espacio de sanación para mí. Un espacio que le hacía bien a mi alma. Un espacio que me daba paz. Un espacio seguro, donde poder permitirme estar más vulnerable que de costumbre.

Sentía que Eustaquio ni quería impresionarme ni quería cambiarme. Simplemente estaba conmigo, en cada momento, ofreciéndome una perspectiva más allá de mis historias, mis máscaras y mis esperanzas.
Cuando me sentía dolido, me dejaba estar dolido. Si me sentía asustado, confuso, bloqueado, lo mismo. Él me hacía estar con todo eso… y así, a veces, cambiaba la cosa.

Realmente me sentía querido por él, sobre todo cuando se emocionaba conmigo. Le sentía muy cerquita.
Eustaquio se atrevía a sentir y compartir su propia ternura, lo que me facilitaba sentir la mía.

Muchas gracias, Eustaquio
Te llevo en el corazón .
.
.

Otras reflexiones interesantes

Aduéñate de tu dolor

Las heridas de la infancia

La vida no vivida

10 cosas que deberías saber sobre la psicoterapia

¿Cómo sanar los celos?

Desarrollando mi intuición

Buscando el sentido de mi vida

¿Qué es amar?

¿Cómo superar una ruptura sentimental?

La diferencia entre el dolor y el sufrimiento

.
.
.

A %d blogueros les gusta esto: