A lo largo de la vida, todos experimentamos sucesos difíciles, negligencias, abusos, pérdidas y separaciones. Algunas personas pueden sobrellevarlos mejor, pero otras no y la única salida que encuentran para poder seguir viviendo es ausentarse. Y años después se encuentran reaccionando de forma exagerada o bloqueándose ante una situación sin entender por qué.
Desde mi experiencia, la terapia Somatic Experiencing es la que ayudará mejor a superar estos traumas.

El trauma queda atrapado en el cuerpo
Cuando un evento es muy intenso, ocurre demasiado rápido y no tenemos ayuda de nadie, nos congelamos y disociamos y esta energía de supervivencia se queda atascada en nuestro organismo.
La experiencia ha sobrepasado la capacidad del sistema nervioso y no se completa ni se integra. De hecho, el bloqueo es lo que causa los síntomas.
Al pensar en el trauma, a menudo nos referimos a un evento abrumador, como la muerte inesperada de un padre o una madre que nos presionaba en vez de calmarnos. Pero el trauma no es el evento, sino la energía que queda atrapada en nuestro cuerpo cuando aquella amenaza, real o imaginaria, se cernió sobre nosotros.
Respuestas de supervivencia
Si estamos en una situación difícil, donde no podemos negociar o comunicarnos, nuestra biología genera automáticamente respuestas de lucha o huida. Son respuestas de supervivencia que tienen sentido en un contexto amenazante. Y si no podemos completarlas porque nos colapsamos, esta energía se queda atrapada en nuestro interior, latente, a la espera de reactivarse mucho tiempo después de que las amenazas hayan desaparecido.
Esto es el trauma. Los impulsos quedan en el sistema nervioso y el organismo concluye que todavía está en peligro manteniendo el estado de alerta.
Cuando nos atascamos así, no podemos restaurar nuestro sentido de seguridad y nos sentimos, de alguna manera, en constante peligro. O tal vez nos apagamos y no sentimos nada. La activación queda retenida en forma de ansiedad, tensión, impotencia o depresión. Es como si tuviéramos puesto el acelerador y el freno a la vez.
Lo peor es que todos tenemos multitud de este tipo de respuestas incompletas atrapadas en nuestro sistema nervioso que son como bombas de relojería preparadas para explotar cuando sean activadas.
Haber pasado por situaciones traumáticas nos deja en una contracción crónica que nos desconecta de nosotros y de los demás y nos deja sin vitalidad y energía.
Estas manifestaciones no son una búsqueda de atención, ni una evitación consciente, sino que son intentos desesperados de tolerar sentimientos insoportables. No son una patología; son intentos de mantener a la persona a salvo. Son defensas que tuvieron sentido en el momento en que se crearon, aunque ya no sean útiles.

La curación del trauma
Nuestras heridas y traumas son todo lo que no pudo ser sentido, lo que fue negado, las lágrimas no lloradas, las reacciones de defensa no completadas, la vergüenza que se quedó encallada en forma de sumisión e impotencia. La curación consiste en que alguien nos acompañe para poder hablar de todo aquello, sentirlo, digerirlo y liberarlo.
En los últimos años, se ha descubierto que es lo que ayuda a procesar el trauma y que es lo que no lo hace. Antes nos interesábamos por lo que pasó, por los hechos: quién, cuándo, dónde, qué… Ahora sabemos que lo importante es la huella que deja en el organismo.
Los cambios cognitivos no son suficientes, porque nuestras partes traumatizadas no pueden ser tocadas por la lógica y la persuasión.
Terapia del trauma
En terapia del trauma contar la historia no sirve porque la fisiología se va a volver a activar y puede abrumar a la persona.
Se trata de dar espacio para que las respuestas se puedan descargar y completar a través de micro movimientos. Necesitamos ir muy lento, paso a paso, para poder liberar la sobrecarga.
Al metabolizar lo que quedó inconcluso conseguiremos que la información emocional se vuelva consciente y pueda ser elaborada.
Este proceso natural necesita que la persona ponga conciencia interna en su cuerpo. El problema es que mucha gente interrumpe esta digestión natural abusando de medicación para suprimir los síntomas o simplemente controlando, negando e invalidando sus sentimientos y las sensaciones. Por eso, en terapia, enseñamos a sentir y a procesar.
La buena noticia es que, si ponemos las condiciones adecuadas de seguridad, el cuerpo apoyará la liberación de la carga traumática a través de los mecanismos naturales que forman parte del sistema nervioso. Así como cuando tenemos mucho calor, sudamos para enfriarnos, cuando hay mucha activación, nuestros cuerpos tienen procesos innatos para liberar esa carga.
Con el trauma, el alma de la persona se fragmenta y esto conlleva una fuerte pérdida de vitalidad y una desconexión con el momento presente. Se ausenta para poder soportar el dolor y desconectarse del fuerte impacto emocional provocado por aquella situación.
El trabajo terapéutico consiste en recuperar las partes del alma extraviadas o perdidas e ir limpiando las heridas que quedaron y las defensas que tuvieron que erigirse, porque si no, dirigirán nuestra vida.

La terapia Somatic Experiencing
Las terapias experienciales, como el Somatic Experiencing, en las que se hace hincapié en ayudar al paciente a tener una experiencia emocional y somática son las que funcionan con el trauma.
Este abordaje se basa en las últimas investigaciones científicas de vanguardia procedentes de los campos de la biología, la neurología, la psicología, la fisiología, la teoría del apego y la teoría polivagal.
Nos ayuda a desarrollar conciencia corporal para «renegociar» y liberar lo traumático sin tener que revivirlo. Nos propone experimentar sensaciones positivas y de seguridad en el cuerpo antes de abordar la profundidad del trauma.
Cuando tenemos acceso a sensaciones de fuerza interior, apoyo, paz, amor, conexión con la naturaleza, determinación, conexión con los amigos, etc. es cuando podemos digerir, curar e integrar la experiencia traumática de forma segura.
Los terapeutas que saben manejar el trauma ayudan cuidadosamente a la persona a rastrear la activación de su sistema nervioso para que la mantenga dentro de su margen de tolerancia. De esa forma, esta va aprendiendo a sentir sus sentimientos difíciles de una manera que sean manejables.
En terapia ayudamos al organismo a encontrar una salida al ciclo creado por la percepción del peligro y la excitación que la acompaña. Se trata de que pueda sentir ese viejo miedo que se quedó en el cuerpo desafiando la inmovilización que lo acompaña.
La rendición
El trauma se cura cuando la persona es capaz de rendirse a las corrientes de sus sentimientos, que incluirán los temblores y otras descargas espontáneas de energía.
Durante este proceso se van despertando viejas memorias que son expresadas a través de impulsos, movimientos, llantos, etc. a la vez que puestas en palabras para contar esa historia previamente rechazada.
Recordemos también que el trauma siempre es relacional: no es solo el evento que ocurrió, sino también el hecho de que en la persona se sintió profundamente sola en ese momento. Por eso, una labor fundamental como terapeutas es deshacer esa soledad con nuestra presencia compasiva.
Lo más importante es la conexión. Solo con esta base la persona será capaz de contar su historia sin desbordarse ni disociarse.
Como dice Peter Levine, creador del SE, “el trauma tiene el poder de arrebatarnos la vitalidad de nuestra vida y de destruirla; sin embargo, también es posible utilizarlo para una importante renovación y transformación del propio yo”.
Como practicante de SE, tengo el privilegio de ayudar a mis pacientes a restaurar su sentido de seguridad y a tener una nueva vida dejando sus traumas en el pasado, donde pertenecen.
Alberto Martín-Loeches
Miembro de la Asociación Española de Somatic Experiencing








