Es imposible amar si nos escapamos de nuestro dolor

25 septiembre, 2018

El dolor es la otra cara del amor. No hay uno sin otro.
Necesitamos aprender a dolernos para poder amarnos y amar.
Pero, ¿cómo se hace esto?
Voy a compartir algo de mi experiencia por si ayuda a aclararnos en este lio…

Cuando la lucecita de mi Vespa parpadea es una señal de que falta gasolina. Me avisa de que puedo quedarme tirado.
Cuando la chapa quema es que el motor está muy caliente. Necesita reposar.
En esos casos, paro y dejo que respire un rato el motor o echo gasolina.
Hago lo que mi moto necesita. Y entonces está lista de nuevo.

Y yo me pregunto: ¿por qué lo hago con mi moto y no lo hago conmigo mismo?
Si es un dolor físico sí que suelo hacer caso. Pero si es emocional, me suelo escaquear.
¿Por qué?
Es complicado.

Lo que está claro es que el dolor simplemente trata de sacarme de mi anestesia general, para que me entere algo que no ha salido como esperaba o que me hace daño. O para que asuma y digiara alguna pérdida.

Mis defensas no quieren sentir el dolor pensando que me voy a deprimir.
Pero esto es absurdo. Ya he comprobado muchas veces que cuando siento realmente mi dolor, éste se libera.

Sentir mi dolor es lo que me hace aceptar la decepción o la pérdida de turno.
Aunque reconozco que estar con el dolor de verdad no es nada fácil.

Pero mi experiencia me dice más claramente que las heridas, para curarse, tienen que doler.
Tiene que salir el pus.

Las grandes pérdidas de mi vida en realidad me han unido más a los demás.
Y me han dado más peso anímico y  profundidad de la que tenía antes.

Cuando no hago caso al dolor y lo tapo, trabajando mucho, saliendo mucho, viajando mucho, comiendo mucho… vuelvo loco a mi sistema operativo emocional.
Esa inconsciencia hace que mi dolor se envenene dentro de mí y salga más tarde en forma de exigencia, frustración o resentimiento.

Además, todos sabemos que sólo si no nos permitimos entrar en el dolor, no nos podemos abrimos al amor.
Todos sabemos que si no vivimos la tristeza nos quedamos enganchados a lo perdido y nos estancamos en la melancolía.
Todos necesitamos aprender a acompañarnos a nosotros mismos con amabilidad, aceptando las derrotas que nos infringe la existencia.

Como dice Jodorowsky: No mires hacia atrás. No mires hacia delante. Mira hacia dentro. Trátate como a un pozo al que se le limpia para que en él pueda volver a brotar el agua cristalina.

Alberto Martín-Loeches



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