¿Por qué no cuidamos a nuestros ancianos cómo a nuestros hijos?

¿Los viejos tienen derechos? Parece que no. Los aparcamos en una residencia y que se pudran.
Creo que tenemos pendiente un debate sobre el modelo de atención a las personas mayores, cuya figura merecedora de derechos ha sido ninguneada y silenciada mucho tiempo.

La sociedad está siendo destrozada por el capitalismo, que anula nuestra sensibilidad y humanidad. Estamos inmersos en una locura que nos hace centrarnos en nuestras prioridades narcisistas abandonando a nuestros ancianos para que no interfieran en nuestra vida.

La masacre del coronavirus lleva años gestándose, desde que las multinacionales y fondos buitre controlan el 75% de las residencias tratando de preservar el negocio en lugar de la atención.

En una residencia los ancianos no reciben los cuidados que deberían porque habitualmente no disponen de las instalaciones necesarias, ni del material adecuado, ni tan siquiera del tiempo del que requieren para que las ayuden a ponerse el pijama por las noches.
La mayoría son cárceles deprimentes dónde solo se puede mear y cagar en unas horas determinadas. La comida no es fresca. Sólo hay ducha una vez a la semana y el resto de los días solo se asea con toallitas húmedas.

No es una película de terror, es la realidad en las residencias, un negocio redondo para el capitalismo y todos los que hacemos la vista gorda.
Hemos de potenciar iniciativas como la Norma Libera-Ger, el Programa Desatar al anciano y al enfermo de Alzheimer o el trabajo con terapias no farmacológicas de la Fundación María Wolff, que han fomentado los cuidados dignos a los ancianos vulnerables.

La gente está muy sensibilizada, como debe ser, ante el maltrato infantil y por eso ya contamos con mecanismos eficaces de detección y denuncia, pero eso no existe todavía ante el maltrato a los ancianos. De ahí que entre todos debamos sensibilizarnos para desarrollarnos como sociedad en este sentido.

Como seres humanos, hemos de plantearnos como mejorar la dignidad y las condiciones de vida de aquellos son considerados “sobrantes” por el sistema económico. Aquellas vidas cuya pérdida cada vez es menos llorada.
Igual que cuidamos a nuestros hijos, y no nos lo planteamos, hemos de cuidar a nuestros padres. Es nuestra responsabilidad.

Una persona mayor pierde dignidad cuando, después de vivir muchísimos años en su domicilio, un buen día, tiene que abandonar el mismo y trasladarse a una residencia de ancianos alejada de su hogar.
Salir de casa a esa edad es muy traumático, pero no queremos responsabilizarnos de sus cuidados. Esa es la cruda verdad.
Tanto la familia (hombres y mujeres, por supuesto) como las instituciones debemos colaborar más para ofrecer y financiar los cuidados a domicilio necesarios, brindando un trato personalizado a cada persona.

Más allá de las residencias, qué deberían ser la última opción, necesitamos potenciar los centros de día. Ahora mismo la mayoría están saturados porque funcionan bien y proporcionan vínculo y actividades para estar ocupados.
También se ha de fomentar la implantación de otros servicios de proximidad que permiten a los ancianos residir cómodamente en casa: teleasistencia, servicio de ayuda a domicilio, pisos tutelados, etc.

Cuidar a sus padres en la vejez puede ser una de las tareas más difíciles, complejas y emocionales que tenemos que emprender. Hemos de aceptar una natural inversión de papeles de 180 grados entre los progenitores y los hijos. Es ley de vida. Hemos de ocuparnos de ellos como ellos lo hicieron con nosotros, visitándoles, acompañándoles en alguna comida, paseo o actividad cultural…

Ojalá esta crisis nos dé la oportunidad de contemplar más los derechos de las personas mayores y nos haga reflexionar sobre la forma como les abandonamos y les obligamos a seguir vivos medicadizándoles hasta que no pueden más.
Quizás necesitamos plantearnos nuestra relación con la muerte y con estas vidas cada vez más longevas. ¿Por qué no nos otorgamos de una vez el derecho a vivir solo cuanto queramos?
Me pregunto si nos empeñamos en seguir viviendo aunque no seamos dueños de nosotros mismos.
¿O tal vez la eutanasia es una manera de evitar la degradación? Una forma de controlar ese pasaje.
No lo sé. Pero lo que si se es que es un debate necesario para todos.

Alberto Martín-Loeches

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