El ser humano no respeta nada

Por cientos de años la humanidad se ha ido alejando cada vez mas del orden, centrándose cada vez más en las leyes humanas, creyendo poder desde ahí regirlo todo.

El ser humano no respeta nada. Comenzó a volar las montañas, a correr los ríos, a trancar las aguas. Se invento relojes y tiempos, extendió el día con la luz artificial, esclavizo animales y plantas, aguas y fuegos, tierra y aire para su beneficio.

El ser humano creó sistemas políticos y económicos para los humanos, se inventó dioses a nuestra imagen y semejanza, y desde ahí, creyó poder regirse y regirlo todo.
Secuestró la casa, casa que era y es de todos. Dejó de escuchar al Orden Mayor, y se centró en escucharse a sí mismo.

Cuando se registran hechos que alteran ese orden natural de cambios continuos, el sistema reacciona.
Es como si en nuestro cuerpo a la cabeza se le ocurriera robarse la sangre de las arterias porque quiere más sangre para su desarrollo, sin importar que esa sangre es el alimento para todo el cuerpo, para cada órgano, que tiene una función para todos. El cuerpo reaccionará de alguna forma para compensar este atropello.

Hoy, estamos siendo obligados a una cuarentena en nuestras casas por un virus que aparece. Veo entonces, una oportunidad para hacer la tarea. Revisar y ordenar la casa. Pero no solo la casa física. Ordenar la Casa. Desde el Orden Mayor.

Uno de los cambios profundos de seguir ese Orden es pensar comunitario y no desde el bienestar individual, de una familia, grupo, comunidad humana en particular. Comunidad con todo. Por el bienestar de todo.

Hay que ordenar a nivel de individuo. Yo. ¿Cómo estoy pensando? ¿Qué estoy alimentando con la palabra, con mis acciones? ¿Cómo estoy cuidando mis relaciones? ¿Cómo cuido mi agua, mi fuego, mi aire, mi tierra…
Revisar desde lo cotidiano… Es ahí donde hay que hacer la tarea.

Hemos de cuidar la comunidad. ¿Qué estoy haciendo por mi comunidad? ¿Cómo estoy participando de la creación y qué hago por el bienestar de los demás?
De nada sirve estar bien como individuo y no entregarlo al servicio. Participo desde lo que soy y hasta lo que soy.

Cuidar el territorio, que es un contenedor, un espacio un cuerpo vivo. Cada piedra, cada árbol, cada pozo, cada río, cada persona, cada animal, cada planta… cada uno de los elementos influye y es influido por el otro en el tejido del territorio. Cada uno tiene su función. Cada uno es esencial.
¿Cómo estoy cuidando las aguas, la tierra, las piedras, las plantas, los bosques, los animales, etc? ¿Estoy respetando sus tiempos?
No se trata de cuidar el “medio ambiente” como algo que cuidar porque lo necesitamos, porque nos sirve.

Cuidar lo sagrado. Todo viene del mismo origen.
Es necesario recuperar el silencio. Esa es la sabiduría. No está en el conocimiento. Está en el silencio.

¿Cómo acompaño? ¿Desde dónde acompaño a los hijos/as como padre o madre, a la pareja, a la comunidad, al territorio?

Todos podemos. Y cuando el asiento propio está claro, no hay que buscar nada más. Desde ahí, podemos participar del orden del todo.

El camino de regreso va a ser largo, para algunos doloroso, e implica cambiar patrones de vida para pensar en el bienestar de todo, por el orden del todo.
No podemos darnos el lujo de no hacerlo porque nos terminarán expulsando de la casa.

Mauricio Ardilla
Mamo (sabio) de la comunidad de los Muiscas

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